Arbitrario — Demián Aiello
Archivo recuperado · dibujos y pensamientos arbitrariamente desordenados

El humór gráfico

Dice Rep en el epílogo de su libro REP PARA TODOS.

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Una cosa que no puedo entender es cómo, en un país tan rico en maestros de nuestro género, léanse Copi, Calé, Oski, Medrano, Sábat, haya tanta actualidad de dibujantes que "miran desmesuradamente a otros".

Algunos roban de manera grasa, y la novedad es el robo cool y naif.

Existe una legitimación del tema del plagio, las citas, el todo vale, el conflicto cero. Esco si las reglas de no ser más originales las hubieran dictado en el Consenso de Washington: a partir de los noventas es lícito afanar. Es moda.

Y los lectores no indagan: celebran.

Un ladrón creativo no homenajea: quita espacios a otros, los verdaderos creadores de la cosa, los vacía.

Son sólo forma, y peligrosos: cuanto mayor es el poder del medio que los publica, mas incuestionables se tornan. Los detesto.
"


Esperan

vamos a empezar la lucha otra vez/el enemigo
está claro y vamos a empezar otra vez/
vamos a corregir los errores del alma/
sus malaspenas/sus desastres/tantos compañeritos

derramados/hijitos derramados/vamos
a empezar/llegó el día con su
recordación de muerte/llegó la
noche con su recordación de muerte

llegó la muerte con su recordación/
nosotros vamos a empezar otra vez/
otra vez vamos a empezar/
otra vez vamos a empezar nosotros

contra la gran derrota de la mundo/
compañeritos que no terminan/o
arden en la memoria como fuegos/
otra vez/otra vez/otra vez

Juan Gelman

Aviso apropiado

[Imagen no recuperada]
Genial genial genial la contratapa de la Revista Barcelona N° 157 del 27 de marzo de 2009.

Una parodia satírica sobre este tema a los propios avisos que autobombean la propia sección clasificados del propio gran diario argentino. Esos con distintas historias felices por rubros.

El doble sentido que encontraron en "bebés apropiados" es muy muy inteligente.


No te quedes ahí sentado, colaborá con esta gente que dice este tipo de cosas. Andá ya mismo y pedile a ese canillita al que siempre saludás pero nunca le comprás que de ahora en más te deje por debajo de la puerta la Barcelona. Son menos de 8 pesos por mes que seguro gastarías en cualquier otra gansada. Y si podés comprate la Fierro también.
Saludos.

Sin clase

Los gremios docentes habían arreglado y empezarían las clases el 2 de marzo, como estaba previsto. Unos días después, vuelven con la misma cantinela de todos los años: las amenazas del paro y de no inicio de las clases.

En un viejo post, citaba un texto de Leo Maslíah sobre la educación púbica en Uruguay que republico hoy. Las negritas son mías.


En una época, los habitantes del lugar habían gozado de un buen nivel de educación, lo que permitía la formación de educadores que educaban bastante bien a los educandos. Además, la educación era una cosa bien vista, por lo que la gente estaba orgullosa de su educación (además, parte de la educación consistía en enseñar a sentir ese orgullo, estuviera justificado o no -ya que si bien la educación era buena, era buena sólo en función de los valores consagrados por una sociedad basada en la desigualdad social retóricamente disfrazada de igualdad). Y el Estado promovía la educación, en parte porque estaba conducido por personas educadas en la necesidad de educar y en parte porque esa necesidad, antaño meramente aplicada a que hubiera de qué hablar en los salones de la alta sociedad (y a que, no existiendo títulos nobiliarios, la gente humilde tuviera que llamar con algún distintivo a los hombres de la clase pudiente; por ejemplo, «doctor»), se había convertido en algo compatible con el desarrollo de la economía y de la producción encomendada al país por los centros de poder. Pero esa encomienda cesó.

Por un tiempo, de todos modos, hubo gobernantes que se la siguieron asignando a sí mismos. Y también por un tiempo la clase pudiente siguió creyendo en la educación, e imponiéndola a sus hijos, algunos de los cuales la asumían también convencidos, mientras sus hermanos se la salteaban pero no dejaban de sentirse culpables por ello, ni de tratar de que sus hijos la adquirieran en su lugar. También se la impartían al pueblo, en el entendido de que un pueblo educado era menos proclive al robo y a los disturbios que uno sin educación. Además, les satisfacía el hecho de dar al pueblo esos bienes espirituales, mucho más valiosos que los bienes materiales que altruistamente optaban por guardar para sí. Sin embargo, poco a poco esos bienes espirituales de la educación empezaron a permitir que cada vez más gente se cuestionara el método de distribución de los bienes materiales, por lo cual la educación dejó de ser un modo eficaz de mantener tranquila a la población. Además, había dejado de ser necesaria para el funcionamiento del aparato productivo, ya disfuncional. Entonces, los gobiernos empezaron a quitar cada vez más recursos a esa educación del pueblo, y a resguardar a los jóvenes de la clase alta de esos antros de perdición, favoreciendo la creación de centros de educación universitaria privada. El plan: cambiar al Uruguay. Que dejara de tener un pueblo ilustrado y tranquilo, (cosa que ya no podía ser) para tener un pueblo ignorante y, si no, tranquilo, al menos, por ignorante, más fácil de dominar.

Pero las sucesivas generaciones de estudiantes, maestros y profesores, sin comprender este plan, o a pesar de comprenderlo, siguieron aferrados a las viejas creencias sobre las virtudes inherentes a la educación, sin concebir que los gobernantes pudieran haber dejado de creer en ellas, o de creer en su socialización. Por eso, al ver tan castigado el aparato de la educación pública, estudiantes, profesores y maestros, como medida de protesta, y como si los gobiernos compartieran su adhesión a esa religión educativa, optaron por castigarla todavía más, paralizando su funcionamiento a intervalos regulares, y siempre sin entender que esa paralización, lejos de servir como mecanismo de presión, era exactamente lo que convenía a los gobiernos, para su plan de desmantelamiento de la educación pública.

Casi nadie entre los estudiantes, maestros y profesores, se dio cuenta de que esta medida de lucha era análoga a la que los obreros de una fábrica próspera que tuviera un competidor, para obtener un aumento de sueldo, habrían tomado si hubieran boicoteado no su propia producción, sino la del competidor. Estas personas hacían huelgas como si eso fuera una medida de presión, como si eso pudiera privar al poder de algo que le interesara, cuando en realidad solamente lograban privarse a sí mismos, y a los niños del país. A los otros no solamente no les interesaba la educación pública, sino que les interesaba aniquilarla, librarse de la pesada carga que representaba. Los huelguistas, en cierto modo, comprendían esto, pero tantas décadas de venerar la educación y de considerarla algo muy importante les habían obnubilado el juicio y les habían infundido un delirio egocentrista que les hacía pensar, por ejemplo «yo soy un estudiante y mi estudio es lo más importante que hay en el mundo; pero no me dan condiciones adecuadas para estudiar; por eso si yo suspendo mi estudio, las autoridades van a entender que esto no puede ser y, como tienen que saber que mi estudio es lo principal en el mundo, me van a proporcionar las condiciones que yo estoy reclamando». Algo parecido pensaban los maestros y los profesores, por más que en teoría entendieran que los gobiernos querían desmantelar la educación pública.


Docentes: ya que no lo hacen por la guita, vayan a la escuela el lunes, aprovechando que van a estar todas las cámaras, saquen los pupitres a la calle y den a sus alumnos y a los que quieran escuchar clases abiertas, explicando cómo funciona este sistema y reclamando con justicia un aumento digno y no una miseria. Un maestro debería ganar minimo cinco lucas o más, mínimo. No hay que conformarse con ese pichuleo entre una luca y media y la luca y media y monedas que es un insulto.

Por eso, a un insulto ¿se le contesta con otro?: ¡Macri, la concha de tu madre!

Igual, no importa mucho el nombre. Macri, si no eras vos, iba a ser algún otro hijo de puta el que firmara los papeles, de hecho, seguro es otro el hijo de puta que los firma, pero en vos, Macri, se concentra el odio porque en vos podria estar la decision de cambiar la realidad y si no la tomás, no es porque no te das cuenta, es porque sos un hijo de puta.

Great Scott!, this is heavy

BTTF IIIEn Volver al futuro III, Marty decide viajar al pasado para avisarle al Doc de 1.885 que lo van a matar por una deuda de 80 dólares.

Momentos previos al viaje, aún en 1.955, Marty manifiesta su preocupación por chocar contra la pared del autocine (donde hay un dibujo de unos indios) antes de lograr alcanzar la velocidad necesaria para viajar en el tiempo.
El Doc lo tranquiliza recordándole pensar en cuatro dimensiones. Que una vez que viaje en el tiempo, esos indios no estarán allí. "those Indians won't even be there", le dice exactamente.

Cuando el DeLorean llega a 88 millas, gracias al condensador de flujos, Marty es transportado al lejano oeste en 1.885, donde es recibido por unos indios que justo andaban maloneando por ahí. Lo persiguen a flechazos y le dan al taque de nafta, lo cual desencadena el problema por el cual no pueden volver. No es que no tenían plutonio, como en la uno, si no que lo que no tenían era combustible, simple nafta que aún, en ese momento, no se había inventado.

Por eso es que deciden hacer todo ese kilombo de empujarla con un tren. Pero el caso es que el DeLorean agujereado a flechazos es el que lleva Marty al pasado. En ese mismo pasado también debería estar el otro DeLorean, el que llevó originalmente al Doc allí, cuando en la dos le cae un rayo que lo hace viajar accidentalmente.

Es decir, que en 1.885 hay un DeLorean escondido en la mina que tiene el tanque de nafta intacto.