Arbitrario — Demián Aiello
Archivo recuperado · dibujos y pensamientos arbitrariamente desordenados

Arbitrariedades

Las dos torres

Un piloto llama a la torre de control y dice:
El avión está perdiendo altura.
Solicito instrucciones.

De la torre de control le contestan:
Y no sé... piloteala.
Los tripulantes del Apolo dicen su famosa frase:
Houston, tenemos un problema
Desde la torre de control se escucha:
¿Tenemos? JA JA JA JA JA JA JA.
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De la gorra

De la gorra
Cuando yo tenía unos 18 o 19 años (y era más imprudente que ahora) me paró un patrullero a mi lado y un policía para pedirme los documentos. Yo les doy mi DNI y comienzan con el típico interrogatorio: ¿De dónde venís? ¿A dónde vas? etc. Después de contestarles, se me ocurrió (en mi cabeza sonaba divertido) hacerles yo unas preguntas a ellos y me mandé con: ¿Ustedes siempre patrullan o a veces están en la comisaría?
Luego de un silencio tenso me dijeron en tono sobrador: Mirá pendejo, agradecé que es de día, que si no te cagámos a palazos.
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Dale, vos seguí

[Imagen no recuperada]Hoy en el subte, había una chica con el pelo teñido de una forma muy particular, muchos mechones rosas y el resto blancos. Coincidimos en la escalera mecanica en la salida de estación Callao, ella se da vuelta y me mira un poco temerosa (o yo creo que me mira temerosa) y encara la calle, yo hago lo propio un instante después. Camino hacia la avenida y ella también. Doblo por Callao y ella también, indefectiblemente sigue adelante de mi. Siento la de siempre y me digo a mi mismo: Seguí caminando, no va a pensar que la estás siguiendo... de hecho no la estás siguiendo, tenés que ir para ese lado. De última, si te sentís muy incómodo, cruzá de vereda. Eso hice, crucé por la mitad de la calle, y por unos instantes estabamos en veredas opuestas, pero cuando ella llegó a la esquina, cruzó y volvimos a estar uno delante de otro. Dirán que es paranoia, pero ella miraba, de a ratos, por encima de su hombro hacia atrás y aunque tratara de pensar en otra cosa y seguir mi camino, yo sentía esa mirada. Aceleré el paso para tomar la delantera y así perderla de vista, pero el semáforo de la siguiente esquina me detuvo y ella me alcanzó. Mientras esperaba para cruzar me vino la tentación de decirle: Che, mirá que no te estoy siguiendo, pero por suerte me contuve. Resignado, concluí: ¡Ma' sí!, ¡Qué piense lo que quiera, loca de mierda!