Mi abuela nació en 1930, y casi está de más decir que tiene dificultades para caminar y usa un bastón para ayudarse.
Caminando por Flores, llega a la puerta de una iglesia que tenía como un asiento en la puerta, el cual mi abuela aprovechó usar para descansar un poco sus adoloridas piernas. A los pocos segundos de estar en ese lugar, escucha cómo desde el suelo, dos viejas mendigas, una de cada lado de la puerta de la iglesia, le gritan con mala onda:
-¡Ey, ahí no.!
Mi abuela, por temor a haberse sentado, quizás, en un lugar peligroso, o recién pintado (o ambas) mira el improvisado asiento y al no encontrar ningún indicio de anormalidad, pregunta desorientada:
-¿Acá no qué?
Las viejas mendigas, alzaron más la voz y enojaron más el tono mientras insistían:
-¡Ahí no se puede sentar!
-¡Si, acá solamente pedimos nosotras! -Agregó la otra.
-Pero yo no estoy pidiendo -Aclaró mi abuela. -Estoy descansando.
-¡A mi no me importa!¡Este lugar es nuestro. Váyase!
Mi abuela se levantó y se fué. Víctima de unas viejas mendigas mafiosas.
"La mafia de las viejas mendigas" al programa de Chiche Gelblung sin escalas.