Abro la heladera como esperando que algo mágico haya sucedido. Que una especie milagro me ilumine y me haga ver 'eso' que me perdí la última vez que abrí la puerta de la heladera, hace apenas 10 minutos.
Suelo decir (un poco en chiste, un poco en serio) que cambiaría toda mi vida por saber tocar el piano y cantar. Pero no me refiero a una simpre habilidad para la música que se podría adquirir con la práctica. Hablo de ese toque casi mágico que esos seres que uno admira, tienen. Eso me lleva a preguntarme si uno debería entregarse a lo que uno inevitablemente ya es o perseguir la ilusión de algo que nunca va a llegar.