Cuando estoy por poner la mesa para la cena, saco vasos, cucharas, platitos y demás cosas que suelen quedar ahí abandonadas desde la merienda.
Intento optimizar los recursos de habilidad para llevar la mayor cantidad de items con el único fin de, en un solo viaje, hacer el traslado completo hasta la cocina.
A veces, por más maña y onda que le ponga, me doy cuenta de que voy a tener que ir, volver y hacer otro viaje.
Por un lado estaría bueno, porque no iría incómodo llevarndo todo como un ekeko. Y por otro, no puedo evitar siempre el cargar lo más posible en el primer viaje.
UPDATE:
También me pasa cuando llego con las bolsas del supermercado chino. Intento ubicar todos los elementos que van en la heladera antes de que se cierre la puerta.
DeMi
Zo bra
A veces, cuando duermo de costado, siento como si el brazo que apoya sobre el colchón estuviera de más. No sé cómo ponerlo para estar cómodo. O se me duerme, o me molesta en el codo, o en el hombro o directamente todo, y es ahí cuando me digo entre sueños: ¡Qué ganas de tener brazos robóticos y desatornillarme uno!


El "snooze" del minionda
Caliento mi taza en el microondas. La pongo y vengo acá, a la compu. Pasa un rato y se escucha el clásico PIP PIP PIP, que te indica, en caso de que te quedes ciego, que pasó el tiempo y que ya terminó de calentar (de una manera misteriosa) lo que hayas puesto. Si no vas enseguida a abrir la puertita y buscar lo que pusiste a calentar, este puto aparato que hay acá en casa insiste y, después de un rato: PIP PIP PIP de nuevo. Si seguís sin ir: PIP PIP PIP de vuelta. Y así una y otra vez hasta que te resignes, dejes la compu en el medio de este posteo, y vayas a buscar el café.
Para la próxima, hagan uno, con un sensor que cuando uno les grite ¡¡¡¡YA VAAAAAAAAAAA!!!! se calle y deje de hacer PIP.
Para la próxima, hagan uno, con un sensor que cuando uno les grite ¡¡¡¡YA VAAAAAAAAAAA!!!! se calle y deje de hacer PIP.
No sabés lo que me pasó
Me encontré con un amigo imaginario al que no veía desde hace, mínimo, unos 20 años.
Como siguió la cosa...
Después de quedarme sin billetera el sábado pasado me enfrenté al hecho de que de algún modo tenía que resolverlo y tener mi DNI otra vez. Lo primero que se me vino a la mente fue el garrón de tener que hacer todo el trámite. No solamente por ir a hacer cola desde las 3 de la mañana a la puerta del registro civil, si no por la espera entre ese momento y el día en el que efectivamente te dan el documento. Para colmo, una amiga me contó que hacía poco renovó su DNI y que tardaron más de 7 meses en dárselo. Yo no tenía nada de ganas de atravesar por todo eso, así que después de pasar todo el domingo en crisis, el lunes temprano empecé a buscar una solución alternativa.
Me pasaron el dato del estudio de unos abogados tránfugas (de esos que te hacen el pasaporte en una semana a cambio de unas monedas para ellos, obviamente) y les pregunté si hacían el trámite acelerado del DNI. "Por supuesto" me respondió la voz del otro lado del teléfono "...te cuesta $300 pesos y lo tenés en el día."
A mi no me gustaba la idea de transar con estos ñatos, pero me menos me gustaba el no tener documento, y ni hablar del esperar todo el tiempo que el tramitarlo requiere. Así es que arreglamos un encuentro en su oficina para el otro día. O sea el martes. Yo tenía que llevar las tres gambas y ellos me daban los datos y unas claves para ir al otro día al RENAPER y, sin hacer cola, ni llevar la denuncia de extravío, ni el certificado de nuevo domicilio, ni nada, tener mi nuevo DNI esa misma tarde.
El plan era así: yo debía estar el miércoles a las 8:30 de la mañana en Perón 664, ir al mostrador de informes, preguntar por una persona X del primer piso, decir una contraseña, y pagar el trámite. Unos $50 o $60 mangos (extras a los $300). Después de todo no es que me iban a hacer un documento trucho falsificado, sino uno verdadero. Lo único es que me iban a dejar pasar por las "cajas rápidas".
Después de esa reunión vuelvo a mi casa, y me llaman avisándome que alguien había encontrado mi documento. Como yo no había hecho el cambio de domicilio, el pibe que lo encontró (un capo al que le estaré siempre agradecido) lo llevó allí y una ex vecina (también una copada), me contó que el pibe no quiso dejar el DNI ahí y que prefería dármelo a mi personalmente. En cambio le dejó su número de celular.
Llamo, y efectivamente esta persona tenía mi documento. Hablamos de varias cosas, me contó que trabajaba en Edesur, me dijo que el documento estaba tirado en una parada de bondis en Juan B. Justo y Av. Corrientes, y arreglamos para encontrarnos. Hasta ahí buenísima la noticia. Pero por otro lado yo ya les había dado $300 pesos a estos tipos. Sin ticket, ni facturas ni nada ¿cómo mierda los iba recuperar? además era medio tarde, en sus oficinas ya no había nadie, al otro día bien temprano era el turno. Empezó la desesperación.
Se me ocurre llamarlo al celular al abogado. Le cuento la historia del pibe que encontró mi DNI y él, solito, me dice que no hay problema, que pase por la oficina que me iban a devolver el dinero. Hizo una pausa y me dijo que podía llegar a haber algún cargo por la reserva del turno. Yo pensé: "y bueh...", "algo es algo", "perdido por perdido", "peor es nada", "otra no me queda", y demás clichés acordes a la situación. Según la planilla en la que me tenian anotado a mi (y a otros tantos) de esos 300 pesos, 200 eran para ellos y 100 para la persona del primer piso del RENAPER.
Yo me preguntaba ¿cuánto se van a quedar? ¿$50? ¿$100? ¿$150? ¿$250? Después de todo no habían hecho nada aún, pero con esta gente nunca se sabe. Para mi sorpresa fui a la oficina y me devolvieron los $300 pesos íntegros. Me despedí diciéndoles que si algún amigo mío necesitaba alguno de sus "servicios" los iba a recomendar. Salí por la puerta y me fui contento.
Me pasaron el dato del estudio de unos abogados tránfugas (de esos que te hacen el pasaporte en una semana a cambio de unas monedas para ellos, obviamente) y les pregunté si hacían el trámite acelerado del DNI. "Por supuesto" me respondió la voz del otro lado del teléfono "...te cuesta $300 pesos y lo tenés en el día."
A mi no me gustaba la idea de transar con estos ñatos, pero me menos me gustaba el no tener documento, y ni hablar del esperar todo el tiempo que el tramitarlo requiere. Así es que arreglamos un encuentro en su oficina para el otro día. O sea el martes. Yo tenía que llevar las tres gambas y ellos me daban los datos y unas claves para ir al otro día al RENAPER y, sin hacer cola, ni llevar la denuncia de extravío, ni el certificado de nuevo domicilio, ni nada, tener mi nuevo DNI esa misma tarde.
El plan era así: yo debía estar el miércoles a las 8:30 de la mañana en Perón 664, ir al mostrador de informes, preguntar por una persona X del primer piso, decir una contraseña, y pagar el trámite. Unos $50 o $60 mangos (extras a los $300). Después de todo no es que me iban a hacer un documento trucho falsificado, sino uno verdadero. Lo único es que me iban a dejar pasar por las "cajas rápidas".
Después de esa reunión vuelvo a mi casa, y me llaman avisándome que alguien había encontrado mi documento. Como yo no había hecho el cambio de domicilio, el pibe que lo encontró (un capo al que le estaré siempre agradecido) lo llevó allí y una ex vecina (también una copada), me contó que el pibe no quiso dejar el DNI ahí y que prefería dármelo a mi personalmente. En cambio le dejó su número de celular.
Llamo, y efectivamente esta persona tenía mi documento. Hablamos de varias cosas, me contó que trabajaba en Edesur, me dijo que el documento estaba tirado en una parada de bondis en Juan B. Justo y Av. Corrientes, y arreglamos para encontrarnos. Hasta ahí buenísima la noticia. Pero por otro lado yo ya les había dado $300 pesos a estos tipos. Sin ticket, ni facturas ni nada ¿cómo mierda los iba recuperar? además era medio tarde, en sus oficinas ya no había nadie, al otro día bien temprano era el turno. Empezó la desesperación.
Se me ocurre llamarlo al celular al abogado. Le cuento la historia del pibe que encontró mi DNI y él, solito, me dice que no hay problema, que pase por la oficina que me iban a devolver el dinero. Hizo una pausa y me dijo que podía llegar a haber algún cargo por la reserva del turno. Yo pensé: "y bueh...", "algo es algo", "perdido por perdido", "peor es nada", "otra no me queda", y demás clichés acordes a la situación. Según la planilla en la que me tenian anotado a mi (y a otros tantos) de esos 300 pesos, 200 eran para ellos y 100 para la persona del primer piso del RENAPER.
Yo me preguntaba ¿cuánto se van a quedar? ¿$50? ¿$100? ¿$150? ¿$250? Después de todo no habían hecho nada aún, pero con esta gente nunca se sabe. Para mi sorpresa fui a la oficina y me devolvieron los $300 pesos íntegros. Me despedí diciéndoles que si algún amigo mío necesitaba alguno de sus "servicios" los iba a recomendar. Salí por la puerta y me fui contento.
La historia se repite...
Soy una persona inestable emocionalmente y sin billetera
![]() | UPDATE - 16/01/2007 (garrón y cuenta nueva): Acá había un post sobre cómo me robaron (o perdí) mi billetera, con bastante guita, tarjetas, otras boludeces y lo más importante con mi DNI. Esto fue el sábado pasado en el subte A, cuando iba rumbo a la fiesta de cumpleaños de mi amigo Eduardo "Pecho" Flores. En el post hablé de lágrimas contenidas y de cómo me había afectado el asunto, mi relación con el tema pérdidas y más detalles que ya no vienen al caso. Fue un post casi vomitado. Un vano intento de descarga de bronca/impotencia. Tengo que dejar de gastar energías en ocuparme de cosas que suelen suceder, y enfocarme más en resolverlas. Arbitrario se llama este blog, arbitrario es el día a día. Yo lo sé, pero parece que no lo aprendí aún. |
Work in progress
![]() | Figuritas de Arbitrario. (edición especial) Hace ya 16 semanas que Adri tiene nuestro bebé en su panza. |
Chorripan
El otro día, mi hermano me hizo acordar del puestito de choripanes que mi viejo supo tener en algún momento durante nuestra estadía en la villa 21.
Era un local con el frente de ladrillo a la vista (es decir: sin revoque) en el que se vendían los típicos sanguches argentinos de pan francés con un chorizo adentro. Mi vieja preparaba chimichurri y mi viejo se encargaba de la parrilla.
Alli también trabajaban, atendiendo al público y demás tareas, Edgardo Redruello (un abogado, amigo de mi viejo, que fue profesor en el colegio Otto Krause y ahora es Juez de instrucción en Entre Ríos) y su yerno, cuyo nombre no recuerdo ni me importa.
El puesto estaba sobre la avenida Iriarte al 3.500 cerca de una vía por la que pasaban trenes de carga, donde unos pibes (los famosos pibes chorros) rompían cada tanto el asfalto en los costados de las vías, para que los autos y camiones que pasaran por ahí tuvieran que aminorar su marcha, facilitando así la posibilidad de manotearles a los incautos lo que se pudiera.
Yo tendría unos 16 años, ponele, y lo veía todo desde mi casa, que quedaba en frente del local. Era un espectáculo. Se colgaban de la parte de atrás de camiones y camionetas con una mano, les abrían las puertas y sacaban lo que hubiera y luego huían a toda velocidad hacia el corazón de la villa.
Los pibes esperaban en las inmediaciones del puestito. Incluso algunos se acodaban en la ventanita por la que se atendía, por lo que, según dicen, la gente empezó a dejar de frecuentar el puesto temiendo a estos chicos (viste como es la gente) y hubo que cerrar.
Duró poco, como casi todos los "negocios" de mi viejo, de los que tampoco nunca estuve muy al tanto.
-
Para ilustrar este post, canta para todos ustedes mi amigo Horacio Vay con su grupo Los dados vueltas: La cumbia del choripan, que, como bien dice la letra, no es una cumbia cualquiera, es la cumbia que te enseña a comer un choripán.
Era un local con el frente de ladrillo a la vista (es decir: sin revoque) en el que se vendían los típicos sanguches argentinos de pan francés con un chorizo adentro. Mi vieja preparaba chimichurri y mi viejo se encargaba de la parrilla.
Alli también trabajaban, atendiendo al público y demás tareas, Edgardo Redruello (un abogado, amigo de mi viejo, que fue profesor en el colegio Otto Krause y ahora es Juez de instrucción en Entre Ríos) y su yerno, cuyo nombre no recuerdo ni me importa.
El puesto estaba sobre la avenida Iriarte al 3.500 cerca de una vía por la que pasaban trenes de carga, donde unos pibes (los famosos pibes chorros) rompían cada tanto el asfalto en los costados de las vías, para que los autos y camiones que pasaran por ahí tuvieran que aminorar su marcha, facilitando así la posibilidad de manotearles a los incautos lo que se pudiera.
Yo tendría unos 16 años, ponele, y lo veía todo desde mi casa, que quedaba en frente del local. Era un espectáculo. Se colgaban de la parte de atrás de camiones y camionetas con una mano, les abrían las puertas y sacaban lo que hubiera y luego huían a toda velocidad hacia el corazón de la villa.
Los pibes esperaban en las inmediaciones del puestito. Incluso algunos se acodaban en la ventanita por la que se atendía, por lo que, según dicen, la gente empezó a dejar de frecuentar el puesto temiendo a estos chicos (viste como es la gente) y hubo que cerrar.
Duró poco, como casi todos los "negocios" de mi viejo, de los que tampoco nunca estuve muy al tanto.
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Para ilustrar este post, canta para todos ustedes mi amigo Horacio Vay con su grupo Los dados vueltas: La cumbia del choripan, que, como bien dice la letra, no es una cumbia cualquiera, es la cumbia que te enseña a comer un choripán.
Alienación y balanceo (Open Source)
Esta historia sería mejor contarla en pasado, pero tendríamos que estar en el futuro para que el tiempo verbal concuerde con el tiempo de la realidad, así que va en presente nomás, porque ahora es cuando.
Desde hace un tiempo ya que estoy pasando por un momento digamos delicado con repsecto a mi salud mental.
Y como adhiero (por lo menos por ahora) a ese dicho que escuché por ahí que dice: "la cabeza de uno es como un auto: si algo no anda del todo bien, hay que llevarlo a un profesional. No le podés preguntar a tu amigo a ver qué le parece que puede tener el coche. Bueno, con la terapia es lo mismo".
Estoy hace bastante yendo dos veces por semana a una psicóloga (Irene es su nombre y nos llevamos bien, es piola, aunque todavía hay un par de cosas mías que no me animé a contarle pero bueh... ya llegaremos a eso. Mientras tanto trato de hacer la cuenta yo solo sobre esos temas).
También visito periódicamente a mi ya segundo psiquiatra, El Dr. Gerardo F. que me sacó bastantes dudas sobre la acción de psicofármacos en el cerebro y me dio otras cuantas pastillas de colores. Debo admitir, que todavía sus efectos no están a la altura de mis espectativas, pero igual creo que globalmente voy bien. Mejor. Con días y días, obvio. Por suerte ya no me caigo al piso temblando con ataques de nervios, angustia, gritos y llanto. Igual, en general, me siento peor de cómo se me ve. Eso seguro.
Cuando me dicen algo como: "relajate, no te lo tomes así, tranquilo, dejalo ir" pienso que es lo mismo que si le dijeran a un paralítico: "levantate de esa silla de ruedas, boludo, dale caminate unas cuadritas, vos podés."
De todos modos, hay unas posibles buenas noticias por venir. Vamos a ver qué pasa. Crucemos los dedos.
Desde hace un tiempo ya que estoy pasando por un momento digamos delicado con repsecto a mi salud mental.
Y como adhiero (por lo menos por ahora) a ese dicho que escuché por ahí que dice: "la cabeza de uno es como un auto: si algo no anda del todo bien, hay que llevarlo a un profesional. No le podés preguntar a tu amigo a ver qué le parece que puede tener el coche. Bueno, con la terapia es lo mismo".
Estoy hace bastante yendo dos veces por semana a una psicóloga (Irene es su nombre y nos llevamos bien, es piola, aunque todavía hay un par de cosas mías que no me animé a contarle pero bueh... ya llegaremos a eso. Mientras tanto trato de hacer la cuenta yo solo sobre esos temas).
También visito periódicamente a mi ya segundo psiquiatra, El Dr. Gerardo F. que me sacó bastantes dudas sobre la acción de psicofármacos en el cerebro y me dio otras cuantas pastillas de colores. Debo admitir, que todavía sus efectos no están a la altura de mis espectativas, pero igual creo que globalmente voy bien. Mejor. Con días y días, obvio. Por suerte ya no me caigo al piso temblando con ataques de nervios, angustia, gritos y llanto. Igual, en general, me siento peor de cómo se me ve. Eso seguro.
Cuando me dicen algo como: "relajate, no te lo tomes así, tranquilo, dejalo ir" pienso que es lo mismo que si le dijeran a un paralítico: "levantate de esa silla de ruedas, boludo, dale caminate unas cuadritas, vos podés."
De todos modos, hay unas posibles buenas noticias por venir. Vamos a ver qué pasa. Crucemos los dedos.


