Arbitrario — Demián Aiello
Archivo recuperado · dibujos y pensamientos arbitrariamente desordenados

Cruz de sal

Ayer fui a comer con Dieguez a un bolichito medio berreta de Once, en Valentín Gómez al tresmil y pico. Espartana se llamaba el lugar.

Cuando estabamos casi terminando el almuerzo, una vieja se acerca y agarrando el salero que estaba en nuestra mesa nos dice: "Chicos, necesito la sal, ¿puedo llevarme la de ustedes? ¿no la están usando?". Nosotros no pusimos objeción y la tipa volvió a su silla, en la mesa de al lado.

Resultó que la vieja era Elena Cruz, que tenía apenas un día de viuda. No parecía muy afligida y se estaba comiendo una milanesa con papas fritas.

Por un momento no supe si tenía que pararme y pedirle la sal de vuelta o presentar un hábeas corpus para recuperar el salero.
Elena Cruz
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Flor de rulós

Todas las chicas que se llaman Florencia tienen rulos.


UPDATE: y si me apurás, te digo también que son todas morochas.
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Chorripan

El otro día, mi hermano me hizo acordar del puestito de choripanes que mi viejo supo tener en algún momento durante nuestra estadía en la villa 21.

Era un local con el frente de ladrillo a la vista (es decir: sin revoque) en el que se vendían los típicos sanguches argentinos de pan francés con un chorizo adentro. Mi vieja preparaba chimichurri y mi viejo se encargaba de la parrilla.

Alli también trabajaban, atendiendo al público y demás tareas, Edgardo Redruello (un abogado, amigo de mi viejo, que fue profesor en el colegio Otto Krause y ahora es Juez de instrucción en Entre Ríos) y su yerno, cuyo nombre no recuerdo ni me importa.

El puesto estaba sobre la avenida Iriarte al 3.500 cerca de una vía por la que pasaban trenes de carga, donde unos pibes (los famosos pibes chorros) rompían cada tanto el asfalto en los costados de las vías, para que los autos y camiones que pasaran por ahí tuvieran que aminorar su marcha, facilitando así la posibilidad de manotearles a los incautos lo que se pudiera.

Yo tendría unos 16 años, ponele, y lo veía todo desde mi casa, que quedaba en frente del local. Era un espectáculo. Se colgaban de la parte de atrás de camiones y camionetas con una mano, les abrían las puertas y sacaban lo que hubiera y luego huían a toda velocidad hacia el corazón de la villa.

Los pibes esperaban en las inmediaciones del puestito. Incluso algunos se acodaban en la ventanita por la que se atendía, por lo que, según dicen, la gente empezó a dejar de frecuentar el puesto temiendo a estos chicos (viste como es la gente) y hubo que cerrar.

Duró poco, como casi todos los "negocios" de mi viejo, de los que tampoco nunca estuve muy al tanto.

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Para ilustrar este post, canta para todos ustedes mi amigo Horacio Vay con su grupo Los dados vueltas: La cumbia del choripan, que, como bien dice la letra, no es una cumbia cualquiera, es la cumbia que te enseña a comer un choripán.
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GOOGLE HOME, BETAEncontrar documentos dentro de una red de computadoras es útil, pero convengamos que estamos hablando de un entorno limitado de búsqueda.

¿Qué están esperando para lanzar Google Home? Un sistema que haga un inventario de todo lo que hay en la casa y que después te permita encontrar cosas en la vida real: el control remoto, la partida de nacimiento, las llaves, la remera esa medio bordó de mangas largas, etc.

El servicio podria funcionar con invitación y de forma gratuita. Lo malo es que a cambio, te mandarían publicidades de sus anunciantes que intentarían venderte lo que a ellos les parece que necesitás.
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Alienación y balanceo (Open Source)

Esta historia sería mejor contarla en pasado, pero tendríamos que estar en el futuro para que el tiempo verbal concuerde con el tiempo de la realidad, así que va en presente nomás, porque ahora es cuando.

Desde hace un tiempo ya que estoy pasando por un momento digamos delicado con repsecto a mi salud mental.

Y como adhiero (por lo menos por ahora) a ese dicho que escuché por ahí que dice: "la cabeza de uno es como un auto: si algo no anda del todo bien, hay que llevarlo a un profesional. No le podés preguntar a tu amigo a ver qué le parece que puede tener el coche. Bueno, con la terapia es lo mismo".

Estoy hace bastante yendo dos veces por semana a una psicóloga (Irene es su nombre y nos llevamos bien, es piola, aunque todavía hay un par de cosas mías que no me animé a contarle pero bueh... ya llegaremos a eso. Mientras tanto trato de hacer la cuenta yo solo sobre esos temas).

También visito periódicamente a mi ya segundo psiquiatra, El Dr. Gerardo F. que me sacó bastantes dudas sobre la acción de psicofármacos en el cerebro y me dio otras cuantas pastillas de colores. Debo admitir, que todavía sus efectos no están a la altura de mis espectativas, pero igual creo que globalmente voy bien. Mejor. Con días y días, obvio. Por suerte ya no me caigo al piso temblando con ataques de nervios, angustia, gritos y llanto. Igual, en general, me siento peor de cómo se me ve. Eso seguro.

Cuando me dicen algo como: "relajate, no te lo tomes así, tranquilo, dejalo ir" pienso que es lo mismo que si le dijeran a un paralítico: "levantate de esa silla de ruedas, boludo, dale caminate unas cuadritas, vos podés."


De todos modos, hay unas posibles buenas noticias por venir. Vamos a ver qué pasa. Crucemos los dedos.
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