Ya más tranquilo por encontrar algo de luz en medio de tanta oscuridad, la veo a ADri entrando por una puerta lateral y apuro el paso hasta interceptarla en las escaleritas de la entrada al Centro Cultural. Nos abrazamos y nos besamos.
Esta es su noche, pienso. Inmediatamente ADri toma la posta y me lleva a ver el lugar donde estaban proyectando su película. En el camino nos encontramos con María de los Ángeles "la chiqui" Ledesma, encargada de la organización, que tiene la mejor de todas las buenísimas ondas. Una onda profunda, una onda honda.
Caminamos por un pasillo ancho por el cual se accede a unas aulas, inmensas y vacías, que desde la pasividad recuerdan que ese lugar en algún momento fue una escuela. Me entero de que el edificio fue diseñado para evitar cualquier posible sabotaje. El gas de un edificio, se maneja desde los controles de otro. La electricidad de uno, se corta desde otro y como los planos fueron destruidos como muchísima otra documentación donde quedó registrado fehacientemente lo recontramilmierdas que eran los milicos. Como no hay planos se dificultan las remodelaciones. Veo el anfiteatro a medio construir y los dibujos que hicieron las madres en las paredes el primer día que entraron a la ESMA.
Llegamos a sala donde estaban dando Looking for Victoria. Empujo apenitas la puerta para pispear y noto que habían venido bastantes personas a ver la película (siempre teniendo en cuenta el lugar en donde estábamos, la hora que era y el tema que se trataba). En hall central, se está terminando de preparar el escenario y el sonido. Pasamos por el camarín y Claudia, entusiasmadísima, nos lleva a un costado aparte y nos dice casi en secreto: "Boludo, a ustedes los estaba esperando. Vengan. Vamos."
Intrigados pero sigilosos, salimos del edificio y en la puerta nos sumamos a dos que trabajan en el centro cultural, los encargados de guiarnos por esa pequeña ciudad cerrada. En total somos seis y comenzamos a caminar por las calles oscuras siguiendo a uno que tuvo la precaución de llevar una linterna de esas grandes.
Vamos en busca de un edificio. Otro de los que se cedieron a los organismos de Derechos Humanos, en este caso a la UNESCO. Parece que los milicos tenían ahí funcionando una buat, sí. Una boitte y obviamente eso nos ponía a todos ansiosos por conocerla. A mitad del trayecto, uno de los empleados le reprocha a su compañero y le dice que no debemos ir, que no se puede entrar ahí, que nos van a descubrir y se va a armar kilombo como la otra vez. El le contesta. Clima tenso, imaginate. Yo, para descomprimir un poco, tiro: "Vayamos igual, ¿qué es lo peor que nos puede pasar? ¿que nos metan drogados en un avión y nos tiren al río?". Por fortuna nadie se ofende y seguimos camino.
Después de un par de vueltas y dos o tres cuadras, llegamos a una puerta grande, blanca, doble, varios cuadrados de vidrio grueso equidistantes. Con un cartel colgando patas para arriba que dice: SALIDA DE EMERGENCIA. Uno de los guías se adelanta y le pide al otro en voz baja: "Alumbrá acá. Dale, acá." mientras destraba y empuja una de las puertas. Nosotros nos acercamos y entramos. Estar en este pasillo con eco, en la oscuridad total y haber entrado de la manera que entramos no es lo que más tranquilo me pone, pero sigo adelante. Saco el celular. Todos sacamos los celulares e intentamos alumbrar un poco pero en este pasillo no se ve una goma, el de la linterna se había separado del grupo para ir a encender la luz general. Nos tanteamos para abrazarnos y caminar juntos. Así llegamos al salón principal y ahí estaba ella. La boitte. Con la decoración típica de hace 30 años. Una decoración detenida en ese tiempo. Un lugar GI-GAN-TE lleno de polvo y decrepitud. Un cabarulo enorme tenían ahí estos hijos de puta. Con mesitas redondas chiquitas, sillones de cuero bordó empotrados y un escenario grande. Faltaba el caño nomás.
Otra vez
Subimos y arriba hay un cine, también GI-GAN-TE. Con unas ochocientas butacas de cuero y un techo altííííísimo. Pregunto por los proyectores y me dicen que "hasta hace poco estaban". Pero tanto el cine como la boitte están bastante deteriorados. "Hace un tiempo hubo una ley de no tocar nada y no se hicieron arreglos" me cuenta el de la linterna.
Sin salir de nuestro asombro, amén de que tampoco podemos quedarnos mucho mas tiempo ahí, nos damos cuenta de que ya está por terminar la proyección de la película y tenemos que volver al otro edificio. Bajamos las escaleras y salimos.
Continúa...
